Para la cultura patriarcal, el amor de pareja es una cuestión en primer lugar o exclusiva de mujeres.
Hablar de problemas de pareja, expresar entre pares dificultades afectivas o de comunicación en la pareja, es parte importante de lo que se considera hablar de "cosas de mujeres".
Reunión familiar con tres o cuatro generaciones representadas ampliamente: los tipos en el asador, tomando vinito y charlando de goles, porcentajes, cotizaciones, jugadas políticas, estrategia. Las minas en la cocina haciendo la ensalada, tomando (se supone) menos vino, hablando de desengaños, de lxs hijxs, de sus novixs, de vínculos afectivos, de simbiosis. Despues viene la sesión mixta con su despliegue de roles, ahora todxs hablan juntxs_juntxs?_y a la hora de la conversación seria todxs opinan pero con mucha frecuencia y a medida que se toma mas vino, el o los que tiene/n la jeta mas grande y/o gritan mas fuerte imponen su parecer, por lo general los maridos controlan y corrigen a sus consortes. Sigue circulando el tinto y llega la hora de los cuentos y chistes. Acá la división de roles se acentúa: los tipos tenemos que hacer reir_"las minitas aman los payasos...." canta el Indio_el tipo piola se destaca por su capacidad de hablar a los gritos contando chistes y situaciones desopilantes, y los tipos compiten entre sí por arrancar carcajadas orgásmicas a las damas, cuya capacidad de humor es mas bien pasiva. Si el escabio no escasea de aca se pasa al baile, metáfora lúdica del cortejo mamífero: acá la fijeza de los roles se consolida del todo, los varones tenemos que hacer bailar a las minas, no es solo bailar con, es bailar a, los hombres bailan a las mujeres, otra vez, las hacen bailar_"y la pasta de campeón..." seguía_pero me fui un cacho de tema, o no??
No, pero como esto es muy extenso, a la cuestión de los roles macho/hembra que siguen dominando nuestra vida social_las fiestas de mis amigxs son una adaptación aggiornada de los asados familiares_la dejo para otro post.
El amor, deciamos, es "cosa de mujeres": el conocimiento popular indica que es la señora la encargada de que el hogar sea un nido de amor para su esposo e hijxs; si ella no está, falta el amor en esa casa: no hay ternura, no hay cuidados amorosos, propios exclusiva o principalmente de la Madre.
El amor entre mujeres se canaliza bastante bien a traves de la amistad entre mujeres: ellas van al baño juntas a contarse sus cuitas amorosas, pueden caminar cuadras enteras abrazadas consolándose en momentos difíciles, bailar juntas, incluso lentos sin que nadie se mosquee: son las dueñas de la delicadeza, de la ternura, de las confidencias, y sus sentimientos homoeróticos son aceptados bajo la forma de amistades íntimas y exclusivas. Estas amistades son sospechosas en los varoncitos: la familia y la escuela machistas se encargan de desalentarlas en favor de la amistad de "manada", no sea cosa que los pequeños sementales se vuelvan "putos". La amistad permitida a los varones es la del grupo, donde sin embargo no pueden dejar de colarse las irrefrenables tendencias homoeróticas presentes en todo ser humano. El futbol y todos los deportes varoniles son metáforas lúdicas del homoerotismo andrófilo permitido en sociedades patriarcales: los varones se estimulan recíprocamente mediante los juegos de contacto y combate, que replican las competencias animales donde los machos se disputan la posesión de las hembras. Acá la hembra es el arco, y la pelota impulsada con fuerza siempre hacia delante es el falo. Así como en ciertas especies de cérvidos los machos se excitan mutuamente frotando sus cabezas uno contra otro, y de este modo provocan la segregación de hormonas que los hacen aptos para fecundar a las hembras, los humanos aprendemos la sexualidad no solo en relación al sexo "opuesto" sino tambien a los miembros del propio.
Sin embargo el sistema patriarcal, al menos en esta fase, ha divorciado a la virilidad del amor de pareja: es muy dificil de digerir la idea de dos hombres varoniles que no solo o no necesariamente cojan entre sí (esto es una fuente de ganancias mas que suculenta para la industria pornográfica gay) sino que se amen, y que ese amor sea duradero y fiel, mucho menos, y que ese amor sea fecundo, en el sentido de desbordarse desde la pareja hacia unos seres mas pequeños a quienes criar, menos que menos.
Plantearlo es mas que subversivo, porque al sistema le conviene que seamos muy capaces de odio, que los varones estemos dispuestos a odiarnos a muerte, a asesinarnos unos a otros: se trata de un sistema basado en el Poder, en la fuerza bruta, en la capacidad de dar muerte: los misiles son la musculatura metálica del capitalismo falocéntrico, son la hipérbole gay del falo entendido en forma sádica y masoquista como arma de deleite al mismo tiempo que de destrucción. Plantear el amor entre hombres, el amor entre los hombres, implica tambien la destrucción de las categorías patriarcales que segmentan la sexualidad humana en compartimentos estancos: heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad, cuestionarlas mas alla de la identidad que cada uno haya asumido, implica no temer entrecomillarlas, quitarles normatividad y absolutez, ya que las pulsiones y los deseos, fluyen a despecho de nuestras conceptualizaciones cientificistas y etnocéntricas. Durante milenios la humanidad se las arregló sin los conceptos de hetero u homosexualidad. Implica tambien recuperar la polisemia y la riqueza simbólica del término "amor": si hablo de amor entre hombres, no estoy hablando necesariamente de un amor sexual, ni siquiera de un amor conscientemente erótico. Los varones mas que las mujeres asociamos inmediatamente el termino "amor" al coito heterosexual, o a algun tipo de actividad que implique genitalidad. Amor entre hombres es tambien amor entre padres e hijos, entre hermanos varones, amor entre compañeros, entre amigos. Implica ser capaces y atreverse a recuperar todo lo que el heteropatriarcado nos amputa a nivel emocional y afectivo: es un terreno en el que los desfavorecidos, en gran medida, somos nosotrOs. Entre amigas, por ejemplo, está muy bien visto decirse "te quiero" y esas "cursilerías". Entre tipos, signo de alarma; hace años leí a un psicólogo que muy acertadamente decía que dos varones pueden quererse como amigos de una manera muy profunda pero que lo habitual es que este tipo de sentimientos jamás se verbalicen, e incluso que si una de las partes los nombra, los dice, les pone nombre y los comunica, esta acción basta para destruir esa amistad.







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