Dejemos de erotizar la mierda. ¿Qué sacrosanta autoridad vanguardista ha decretado que debemos erotizarla? Eroticemos lo mejor de nosotros mismos y de nuestros semejantes. Eroticemos la sonrisa, la carcajada, el arrullo, la contención, la energía vital, la fuerza corporal empleada como sostén, impulso mutuo y belleza; simplemente belleza de un cuerpo sano y vigoroso, y no orgullo, supremacía y violencia.
Hay una distancia enorme, pero por desgracia no insalvable, entre un “combate” amistoso cuerpo a cuerpo entre dos o más cuerpos semejantes, horizontales entre sí, en igualdad de condiciones; y la paliza, la sujeción, la sesión de torturas en ocasiones llevada hasta la muerte. E importa muy poco en realidad si estas relaciones destructivas son materialmente reales o si se trata de su representación simbólica, o si consisten “tan solo” en agresiones, sumisión y tormentos psíquicos.
Otros se han dado a la elaboración de un erotismo de la crueldad real o simulada, un erotismo de la esclavitud y la opresión, de la entrega suicida de la voluntad, materiales o simbólicas. ¿Qué impide entonces que, haciendo uso de nuestra libertad y de nuestros cuerpos, intentemos una erótica de la empatía, del abrazo, de los cuerpos sanos, bellos y fuertes, no atados a estereotipos de belleza ni de ninguna otra índole, de la dynamis, de la fuerza armónica, exultante, vital?
Un erotismo de la amistad, de la alegría compartida y risueña, en definitiva una ERÓTICA DE LA LIBERTAD.
Y pensada, sentida, practicada y gozada por y entre nosotros, los hombres. Entre nosotros los hombres, es decir: aquellos a quienes con más tesón nos han querido encajar siempre en los odiosos moldes, cepos, celdas del D/s (dominio/sumisión) alentándonos además a ser libres con el tipo de libertad que da el ocupar el rol activo, dominante, superior. A nosotros nos han puesto en la cabeza que la vida es ante todo y hasta sólo una guerra, un combate a muerte donde a toda costa debemos ganar, ganarLES a los demás, que pierden. Nuestra felicidad, casi nuestro mismísimo ser varones, depende de que otr@s sufran, pierdan.
Sin embargo una de las cosas que aún a muchos hombres nos brinda momentos de alegría y felicidad casi bucólica es la amistad fraternal entre hombres. Se trata de una práctica que jamás ha podido ser suprimida y que se ha desarrollado a lo largo de toda la historia de la humanidad, transmitiéndose a través de las generaciones y las culturas; elaborada por nuestros ancestros, por nuestros Hermanos Mayores, nuestros Padres, desde la aurora de los tiempos, en sus relaciones amistosas de hombre/s a hombre/s.
En la amistad entre hombres en sus diversas modalidades siempre hay componentes homoeróticos aún cuando no se menten como tales o bien no se expresen por medio de relaciones homosexuales propiamente dichas, si es que por tales se entiende únicamente a las que involucran directamente los órganos genitales.
Los varones disfrutamos con nuestros cuerpos físicos y no con una entelequia intemporal e incorpórea de los encuentros físicos y corporales afectivos con otros varones. Además, aprendemos y construimos nuestra sexualidad no solamente mediante la diferencia con las mujeres, por referencia a ellas, sino también, e ineludiblemente, a través de la semejanza corporal entre nosotros, por identificación con los hermanos de género. De ahí que todos los juegos o actividades corporales entre varones se basen en esto y tengan una notable carga homoerótica más o menos consciente.
No necesariamente estas expresiones deben tener un acento puesto en la competitividad, el triunfo exclusivo por parte de un individuo o grupo, la violencia y mucho menos el D/s en estado puro que caracteriza las relaciones BDSM.
Los cuerpos de los varones tienden a desarrollar musculatura y por lo tanto el vigor, la fuerza y el dinamismo son centrales comúnmente en el atractivo sensual de la belleza varonil. No hay nada que obligue a que esta hermosa manifestación de fuerza vital sea empleada para doblegar al oponente, sino que por el contrario ella tiende por si misma a la celebración jocosa de la vida, quiere ser empleada para fundirse en un abrazo, en una caricia intensa que rodea, que trenza los cuerpos en un estrecho y entrañable contacto en el que juntan su fuerza y su belleza, en el que cargan de energía erótica y vitalizante al otro cuerpo. La fuerza varonil empleada para abrazar, sostener e impulsar al compañero.
Acá no hay seductor ni seducido, no hay amos y sumisos, ganadores o perdedores y ni siquiera hace falta distinguir exquisitamente entre el amante y el Amado.
Acá hay compañeros, amigos, amantes, amadores que se aman fraternal, recíproca y nutritivamente, con sus cuerpos de varones.
No hay dominio y sumisión, hay simplemente Amor.
Amor es cuidado y libertad, libertad no es ausencia de parámetros sino impulso generoso y constructivo de vida propia y del Otro. Celebrar la fuerza vital, el vigor varonil de los cuerpos de los varones es algo que no se expresa adecuadamente con metáforas guerreras o lúdicas. Se trata simplemente de una comunión erótica y sensual entre cuerpos dotados de un mismo tipo de sexuación.
No involucra única ni principalmente los órganos genitales ni tiene forzosamente como cima el orgasmo peneano, aún cuando pueda incluir entre sus múltiples expresiones y placeres el coito y el clímax genital.
Es una “lucha” en la que no se busca abatir al Otro sino unirlo a sí y unirse a él ; sumar los atributos varoniles de ambos cuerpos y así potenciarlos, enriquecerlos y celebrarlos.
Nadie desea el triunfo de uno y la derrota del Otro, sino el triunfo y más aún la celebración gratuita y gozosa de Ambos. No hay jerarquía ni guerra, por ende hay EM-PATÍA y festejo. Acá el empate no es aburrido sino motivo de fiesta, ya que nadie pierde, Ambos triunfan.
Participo en un foro de personas bisexuales, y hemos debatido estos temas entre otros muchos. Si quieren pueden acceder a la pagina del foro y echar un vistazo a nuestros intercambios de ideas y experiencias:
http://bisexuales.foroactivo.com/el-foro-f1/
Sobre la temática específica del erotismo entre hombres, he tomado como punto de partida la práctica de un antiquísimo arte de lucha cuerpo a cuerpo desarrollado en la tradición turca, el Yagli Gures es un deporte de combate y al mismo tiempo una via de expresión de la belleza corporal varonil y de esa veriente del erotisomo que jamás ha podido ser manipulada ni suprimida del todo por el heteropatriarcado:
http://bisexuales.foroactivo.com/el-foro-f1/lucha-erotica-entre-hombres-t175.htm
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